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Tigre, tierra linda


En una ribera con caracolas

te fundó el Sudeste mborahiú

hombres de metal, grandes canoas

amaron tu ceibo el pira guazú


Gentes de Asunción, madre de ciudades

cabalgaron desde la Trinidad

entre sauces, talas y duraznales

un día de marcha a la Ivy porá


Hoy tu nombre es Tigre

la puerta a las islas del Paraná

con marea o sudestada

tu gente se queda acá


El yaguareté puso nombre a un río

y la caracola al pueblo nombró

pueblo marinero y campesinó

trigo, pesca y fruta el tembiapó


En la gloria entraste un cuatro de agosto

cuando desembarcó aquel francés

se sumó tu pueblo todo

contra el invasor inglés

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Hoy tu nombre es Tigre

la puerta a las islas del Paraná

con marea o sudestada

tu gente se queda acá

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Letra Guillermo Haut

Música de Ricardo Maresca

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La canción es un homenaje al origen guaraní de estas tierras:  en 1580 el pregón de Fundación de la ciudad de la Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires se realizó en Asunción, la ciudad más importante de la época. Desde allí bajaron por barco casi 300 hombres y una mujer, Ana Díaz. Por tierra se acercaba un contingente más grande. Ya fundada la ciudad, partieron muchos de ellos en distintas direcciones a conocer las suertes o pagos que les había otorgado su jefe Garay. Gonzalo Martel de Guzmán recibe estas tierras, donde solo había guaraníes.

Esta lengua se habló por casi dos siglos en la Trinidad y en esta región. El primitivo nombre de Las Conchas para su puerto se debió a las blancas conchillas que tapizaban la costa del arroyuelo (hoy Reconquista).

La canción también homenajea a Liniers quien desembarca en Las Conchas en 1706 para marchar a Buenos Aires durante la Invasión Inglesa.

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Pirá guazú: gran pez, dorado

Tembiapó: trabajo

Mborahiú (emboraijú): mi querida

Ivy porá: tierra linda

Coro en MLR.jpg

Coro del Museo de La Reconquista, desde 2014.
Cultura, Municipio de Tigre

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Cuento Tigre

Naturaleza, historia, imágenes y letras.

Tigre era el paseo obligado con mis padres en muchos  fines de semana. Luego de recorrer los misterios de sus puentes, de costa a costa, terminábamos en la cervecería de Kuffner en la costa del río Luján, antes de llegar al Tigre Club, que muchos llaman todavía Tigre Hotel.

La inundación que a veces nos visitaba en Olivos, más al sur, en Tigre era y sigue siendo la marea, denominación que cambia el aire de catástrofe por cosa cíclica, natural,  algo que viene y va, algo con lo que se convive.  Es típica la perseverancia y tozudez de los tigrenses, a los que ninguna sudestada, inundación o tormenta severa alejó de su pago. Ni siquiera las leyes y prohibiciones de volver a afincarse en la zona, lograron ese cometido. Y entreveo aún en la actualidad, esa misma característica, y también al escuchar los relatos de los mayores. Vecinos que se intercambian abrigos y alimentos  desde las terrazas y techos de sus casas, mientras abajo el agua hace de las suyas por dormitorios y comedores. Con total naturalidad, al bajar el agua, se dedican a limpiar, y así hasta la próxima.

Esta gente que se quedó a vivir aquí, en vez de irse a las más altas tierras de la  Punta Gorda de San Fernando de Buena Vista  —el pueblo vecino que nace para huir de las mareas— tiene una personalidad muy particular: el barro, los mosquitos, y el agua que crece, no son enemigos del ambiente sino parte de él,  y en él los tigrenses no sobreviven, sino que en él quieren vivir.                         Guillermo Enrique Haut

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Fotos propias, salvo las antiguas o que se indique lo contrario.

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